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miércoles, 8 de julio de 2026 · por Asociación Cultural de Rebollosa de Pedro

Rosquillas de anís a la manera rebollosana

Plato con rosquillas de anís recién fritas espolvoreadas con azúcar
Esta es la receta que se ha hecho siempre en las cocinas del pueblo. La compartimos tal como la cuentan las cocineras rebollosanas, con su gracia y sus trucos. INGREDIENTES • Huevos (mínimo dos). • Anís. • Azúcar. • Aceite de oliva. • Aceite de girasol (para freír). • Zumo de naranja. • Levadura Royal (una papeleta). • Harina. PREPARACIÓN Se baten los huevos en un vaso y —ojo, que esto es importante— se comprueba hasta qué nivel se ha llenado antes de echar el contenido en un recipiente amplio, una cacerola por ejemplo. Se llena ese vaso de zumo de naranja hasta el mismo nivel que alcanzaron los huevos y se echa también en el recipiente. Luego se va añadiendo otro nivel de aceite de oliva, otro de anís y otro de azúcar, y se termina con una papeleta de levadura Royal. Todos los ingredientes deben batirse muy bien, y al mismo tiempo se va añadiendo harina poco a poco, hasta que la mezcla quede compacta (pero no muy dura). Luego se amasa con un rodillo o incluso con las manos, empleando los puños —así lo hacen las cocineras rebollosanas, que dicen que es la mejor manera de que la masa quede bien trabajada—. Una vez terminada la masa, se deja reposar cubierta con un paño durante aproximadamente dos horas. Pasado ese tiempo se hacen las rosquillas: se coge una bola de masa con las manos, se aplasta sobre la mesa y se le hace el agujero del centro. Así una tras otra hasta acabar con toda la masa. En una sartén se calienta una cantidad generosa de aceite de girasol. Cuando esté bien caliente, se van echando las rosquillas en grupos de cinco o seis —no muchas a la vez, para que el aceite no se enfríe—, dándoles la vuelta cuando estén doradas. Para voltearlas se aconseja una cuchara de madera (hay quien usa un palito), con decisión, para que no se estropee la forma redonda. Al sacarlas, se les escurre un poco el aceite y se las espolvorea con azúcar. Se dejan reposar un par de horas antes de servirlas. Y no importa si sobran: cubriendo el plato con un paño aguantan varios días sin ponerse duras. ¡Ánimo y a la cocina!

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